¿Todavía no tienes tu coach?

Últimamente no hay deportista de élite, actor de éxito, político de primer nivel, emprendedor… cualquier profesional en el punto más álgido de su carrera, que no reconozca, en privado, incluso en público, el papel fundamental de su coach en la consecución de su triunfo.

Pero, ¿hablamos de lo mismo cuando utilizamos este término? en muchos casos se cita a un entrenador personal, sin embargo usamos también la palabra coach para referirnos al profesional que ejerce el coaching, disciplina cada vez más en uso en nuestra sociedad tanto a nivel personal como profesional.

Joven, flexible, dinámico… bebiendo de múltiples fuentes, como la filosofía, la psicología, etc. En boca de todos y sin normativa que lo regularice es difícil distinguir entre la ingente oferta existente aquellos centros y profesionales que mejor se adapten a una demanda cada vez mayor, desde criterios de rigor y ética.

Hay diferentes corrientes cuando de coaching hablamos, también hay asociaciones internacionales y nacionales con diferentes niveles de acreditación, algo que en tanto en cuanto no haya normas de rango oficial, han de servirnos de referencia inexcusable a la hora de solicitar los servicios profesionales de un coach.

Compartir nuestro proyecto de vida profesional y/o personal con un coach como facilitador de la metodología coaching no es una moda, no es algo inocente ni exento de riesgos, por ello debemos buscar al que mejor se adapte a nuestras necesidades.

En muchas empresas han añadido coaching a su cartera de servicios al exterior e incluso dentro del itinerario de desarrollo de sus trabajadores, lo que es loable, pero debe de ser realizado por profesionales en la materia. No es suficiente que al más experimentado, incluso al que es referente se le asigne este nuevo cometido. En la mayoría de estos casos estaremos ante un mentoring.

El coaching, es un proceso de entrenamiento personalizado, partiendo del arte de escuchar y generar preguntas pertinentes, así como de trabajar con un número importante de herramientas validadas, por parte del coach. A través del plan de acción propuesto por parte del coachee se encaminarán a que este último aflore las potencialidades que poseía e ignoraba, tanto en el terreno personal como profesional. Y es él, no el coach quién debe marcar el ritmo e intensidad del proceso. En el mentoring, al contrario, el mentor lidera el proceso, hace propuestas concretas basadas en su experiencia. Por eso las empresas deben de llamar a las cosas por su nombre. Lejos de ser una cuestión baladí, en mi opinión es de suma importancia, lo que ello implica de diferencia, pero sobre todo por las consecuencias que de ello se derivan.

Un proceso de coaching independiente del objetivo inicial que lo motivó, y sobre todo aquellos que tienen que ver con el mundo profesional, derivan en un porcentaje muy alto y en muy poco tiempo a un objetivo personal. Es por eso que debe ser realizado por un profesional ajeno a la empresa. Es más, un superior jerárquico quedaría inhabilitado para este proceso. Otra cosa diferente es si estamos ante un proceso de mentoring. Algo que a simple vista resulta obvio, está siendo cada vez más, una práctica común.

De cualquier forma me he decidido a escribir estas líneas, viendo la proliferación del término, la banalización del mismo y la inicial confusión en la que uno a nivel individual o profesional se puede ver inmerso guiado únicamente por la buena fe, al ver la cantidad de presuntos profesionales que se dedican ahora a ello, como si de una moda se tratase.

Debemos buscar la acreditación correspondiente en el profesional que pensemos pueda ayudarnos en nuestro camino ya que cada vez más se camina hacia la excelencia también en esta nueva disciplina. Y debemos llamar a cada cosa por su nombre, ya hay bastante literatura al respecto.

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