Decir gasto es decir inversión

Porqué decir gasto cuando deben decir inversión

Cuando oigo a un responsable político sanitario hablar de reducción del gasto sanitario, en tono de autocomplacencia y si además veo en su expresión, satisfacción, no puedo sino sentirme molesto, porque lo que llama contablemente gasto, no es, desde el punto de vista sanitario, sino pérdida en la inversión.

Inversión, principalmente en la Salud de una población, pero también inversión en investigación  biosanitaria, en formación y en la parte más sensible en los resultados a corto plazo como es la asistencia sanitaria.

Estábamos por debajo de la media de los países de nuestro entorno del llamado “gasto sanitario” en relación al PIB, aunque en los últimos años había una tendencia clara a aproximarnos en un tiempo prudencial. Sin embargo esta maldita crisis o a lo que a ella se le achaca ha dado al traste con esta pretensión.

Y si bien es verdad que había que tomar medidas, la gran mayoría de las que se están tomando son cortoplacistas y no abordan en profundidad los cambios estructurales necesarios para hacer de nuestro Sistema Nacional de Salud; no sólo uno de los mejores del mundo como no nos cansamos en decir, sino más eficiente y sostenible en el tiempo.

Soy de los que cree que es posible, que hay márgenes de mejora, que sigue habiendo bolsas de ineficiencia, por todos conocidas desde hace demasiados años… Pero para eso se han de tomar decisiones que nos ayuden a pasar dignamente este mal momento, y que al mismo tiempo tejan los mimbres que nos hagan visualizar un futuro no muy lejano con indicadores en salud mejores que los actuales.

Hablando de indicadores, entre las asignaturas pendientes, sigue estando la de la transparencia. Vamos avanzando en la digitalización de los datos de quienes estamos incluidos en el Sistema Nacional de Salud, en las historias clínicas, en la interconexión de la imagen y diferentes pruebas  entre profesionales y pacientes. Estos últimos cada vez se hayan más formados e informados digitalmente, pero a la hora de escoger un profesional o un centro, es literalmente imposible comparar y por lo tanto escoger como tanto se propugna y vende como un logro.

Si es imposible entre centros sanitarios de una misma comunidad autónoma, no digamos entre comunidades autónomas y con centros de otros países del mundo, algo inevitable en la globalización competitiva en la que vivimos. ¿Para cuándo tendremos un sistema de información de datos, con indicadores homogéneos que nos permitan comparar y lo que es más importante, planificar en base a sus resultados?

A pesar de la actual coyuntura queremos y debemos seguir siendo optimistas, queremos ver movimientos que nos hagan pensar así, me refiero a acuerdos que se están tomando y a otros que a buen seguro se acordarán próximamente. La gran familia sanitaria tiene el conocimiento y la sensibilidad para hacer que ese potencial que solo ella conoce deje de ser una visión y pase a ser su seña de identidad.

Cuando hablamos de reducción en miles de euros destinados a la sanidad, no debemos olvidar a los miles de trabajadores que pasan a engrosar las cifras del paro;  unos provenientes de los propios servicios sanitarios, otros de los de las empresas auxiliares, de las empresas proveedoras, del mundo docente encargado de formar a presentes y futuras generaciones… y hablando de futuro, reducir en investigación no significa parar, significa retroceder en años. Cuando se intente recuperar será muy complicado en algunos campos, e imposible en otros; en definitiva, lo que parece que se ahorra por un lado está costando más sino igual por otro, además de la pérdida competitiva que ello supone.

En definitiva, reducir en presupuesto destinado a la sanidad, nunca debió ocurrir por lo que he comentado anteriormente, pero si realmente empezamos a ver el futuro con más optimismo debemos promover que la Sanidad sea un motor del cambio desde la especificidad, la cualificación y la excelencia, sin dejar de seguir haciendo cambios estructurales.

Aunque la aritmética parlamentaria no lo requiera, es el momento de la generosidad y de la altitud de miras siempre que hablemos del bienestar presente y futuro de la sociedad en la que nos asentamos, desde el pilar básico que es la SALUD.

El presupuesto sanitario siempre es INVERSIÓN;  en indicadores de salud y en trabajo cualificado del mayor tejido productivo de una sociedad moderna.

Podemos y queremos seguir siendo los mejores y además podemos serlo, a nuestras autoridades sanitarias les pedimos que nos dejen hacerlo sencillo.

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