India: el viaje de los sentidos

Es difícil olvidar, o quizás no lo desee, siempre había oído que un viaje a la India no es uno más. Por diferentes motivos y aunque no ha pasado apenas tiempo preveo que va a ser así.  Lo habíamos planeado como el viaje de nuestra vida y a la vista de lo sentido, el tiempo dirá.

Había leído algunos libros, visto algunos vídeos y películas, oído comentarios, pero en esta ocasión como en otras muchas la realidad supera la ficción y las expectativas que realmente eran altas se vieron nítidamente superadas por mi percepción de que lo que ocurría a mí alrededor era mucho más potente que cualquier estado interno previo pudiese tener. Llegados a este punto lo mejor fue dejarse llevar y mimetizarse en la medida que fuera posible.

Para visitar un país como India es recomendable hacerlo con alguien que lo conozca, lo sienta e incluso lo ame, y así lo hice con Carmen Teira, fuera de los circuitos turísticos habituales, todo un acierto.

Empezando por una bocanada de calor de más de 35ºC en octubre, por los slums de la populosa Delhi, con un olor intenso a masala, a especias, a… no, no huele mal a pesar de los puestos de comida, calles sucias y animales deambulando; simplemente diferente, muy diferente y muy intenso. Y mientras estás intentando identificar olores, un ruido atronador e incesante de las bocinas de los rickshaw, motos, bicicletas y algún coche que inundan las calles y las aceras, en las que el peatón es invisible y ha de buscarse la vida para transitar, ya no digo cruzar una calle, algo realmente heroico.

Tras el impacto inicial una visita al principal templo sikh de la ciudad de Delhi, el Gurdwara Bangla Sahib de mármol blanco y con cúpula dorada, por cuyas cocinas estuve en el momento de la elaboración de más de mil comidas (con los básicos y siempre presentes: dhal, arroz basmati y chapati) diarias gratuitas a todo al que allí se acerca, y mi primer tópico se empezó a tambalear: el hambre. Hay organizaciones que dan de comer diariamente a todo el que allí se acerca, sin requisito previo y es sorprendente verlos con orden y disciplina como lo hacen. Si, son muchos, pero también los que dan respuesta.

Y hablando de percepciones, una de ellas ha sido el caos circulatorio en las ciudades y en las carreteras nacionales, en las que no es extraño encontrar un vehículo por dirección contraria, un animal, un vehículo atravesado… por una teórica autopista.

De Delhi a Udaipur, viajamos en tren nocturno, salvando los 763 km que las separan. Una experiencia recomendable para hacer una inmersión rápida en el país.

Recorriendo a continuación los más de 1500 km que separan Udaipur de Varanasi pasando por Pushkar, Jaipur, Agra, Orchha,  Khajuraho con las consiguientes paradas en estas localidades unos días para conocer de cerca su idiosincrasia, templos, palacios, gentes, especias, perfumes, comidas, fiestas, etc. en definitiva, dar rienda suelta a nuestros sentidos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, según los clásicos e incluso, otros más modernos, como el de alerta, a tope desde el inicio del viaje.

País de contrastes, baste como botón de muestra el Taj Mahal, sublime y bello conjunto de monumentos, a orillas del río Yamuna, mandado construir por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogola, en honor de su esposa favorita, Arjumand Bano Begum —más conocida como Mumtaz Mahal— que murió en el parto de su decimocuarta hija.  Se estima que su construcción necesitó el esfuerzo de unos 20.000 obreros.

Mención especial me merecen los coloristas saris, que salpican ciudades y pueblos y sobre todo a lo largo de carreteras y caminos rurales, que resaltan sobre un tono ocre que impregna el entorno, producido por la habitual contaminación.

La mitología hindú tiene innumerables dioses, algunos más venerados: Brahma, Vishnú, Rama, Krishna, Shiva, Parvati, Surya, Ganga… en cada pueblo y en cada barrio, es habitual encontrar regularmente una celebración festiva a unos de sus dioses con exaltación de sonidom, equipos de música a tope, colores, dorados, luces de neón… y el consiguiente caos que se suma al habitual. En India “todo es posible”.

Pero el summun, recomendado, es Varanasi, una de las siete ciudades sagradas del hinduismo, situada a orillas del contaminado Ganges, en el que es habitual ver a los hindúes dándose baños purificadores de los pecados a lo largo de los casi cien ghats.

También la orilla del río es un centro de crematorios, siendo los principales los de los ghats de Mani Karnika y Harischandra en los que podemos identificar una incesante llegada de parihuelas con cadáveres envueltos en coloristas ropas (habitualmente naranjas y doradas) que son quemados en piras de madera (de diferentes clases según su categoría social). De ahí que el olor principal sea el que desprende la combustión de las citadas maderas: otra leyenda que se cae.

Quisiera escribir más sobre las mujeres en India, pobreza vs suciedad, tópicos, atardeceres vs amaneceres, y otros temas más atrevidos, pero habrá que sedimentar el impacto todavía muy reciente y ver si ello aporta algo.

Tras una buena ducha, olor a limpio, pero… sigue más fuerte en mí el olor a India, sus colores, sus ruidos… y quizás no quiera que mis sentidos los olviden nunca.

Un comentario en “India: el viaje de los sentidos”

  1. Que bonita experiencia y que relato tan autentico.
    La India no deja indiferente! Leyendo tu texto se me despertaron grandes recuerdos y me han dado muchas ganas de volver para seguir indagando sus rincones!
    Gracias por compartir!

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