La belleza está en el caos

Ha transcurrido un mes desde me decidí a compartir a través de esta página mis sensaciones de un reciente viaje realizado a India y puesto que estas permanecen me atrevo a continuar compartiéndolas.

Ya comenté en su momento, que dicho viaje era una asignatura pendiente, pero que a mi entender requería de unas condiciones especiales, que cuando se cumplieron no dudé en realizar, pero aún y con todo a favor, para una personalidad “logista” no dejaba de ser un reto superior al de otros perfiles.

Y a fe mía que la realidad supera la imaginación y desde el primer momento pude comprobar algo que, a pesar de no hacer nada sin sentido y que una vez tomada una decisión, la asumo con todas las consecuencias, en este caso la de ir, la observación de todo lo que me rodeaba, desde el primer momento me transmitió una omnipresente sensación de caos.

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En el trayecto desde el aeropuerto de Delhi al hotel, por carreteras y calles, en los que impera la ley del “tú no me das, yo no te doy” pero todo lo demás, “pelillos a la mar”, preferencia de carril, intermitentes, luces, semáforos, pasos de peatones… y si no como era de noche, luces de otros vehículos que parecían iban a estrellarse frontalmente contra el nuestro.

Apartado especial para las bocinas, todos los vehículos las hacen sonar continuamente, aunque todavía no tengo claro para qué, ya que al ser todos y al mismo tiempo, su función de aviso queda diseminada. Que para algo sirven estoy seguro.

Lo de ir en los rickshaws al principio da un cierto respeto, pero después te adaptas y es lo más parecido a nuestros “coches de choque”. Aunque es de justicia señalar que no vi nunca, ninguna colisión, pues son expertos conductores en la gestión del caos circulatorio.

Al principio buscaba con la mirada un paso de peatones, por donde atravesar las concurridas calles de vehículos y peatones, luego atravesaba por donde podía rápidamente mirando a todos los lados, y transcurridos unos días comprendí que simplemente había que cruzar la calle sin mirar mucho, ya que ellos te verían y te sortearían; la primera, mal, la segunda, regular, después con confianza, ¡qué remedio!

El único semáforo que vi respetar fue en Jaipur, y me llamó tanto la atención que no crucé por el paso de peatones, simplemente me paré a observar y  a hacer fotos y ver como salían de golpe cientos de motos y otros vehículos tras el correspondiente pitido del silbato del guardia.

Este viaje me ha hecho pensar que no es posible ver realidades con normas y reglas establecidas para otros entornos, y que tras ese caos, es posible la belleza y el disfrute.

De regreso a mi entorno, cuando oigo una bocina, me sobresalto, ¡no vaya a ser!

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3 comentarios en “La belleza está en el caos”

  1. Todos dicen que la belleza está en los ojos de quién la mira…. Yo diría más bien que la belleza está en los ojos de quién la sabe ver…. 🙂

    Gracias por tus reflexiones

  2. A India hay que ir un poco “a ver como es” sin ideas preconcebidas. No conozco más indios que los que vivían en Inglaterra y ellos también se asombraban de nuestras costtumbres, nuestras comidas etc. También les parecíamos un tanto raritos. ELISA

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