No estamos solos entre cosas


Estamos inmersos como individuos, sí como individuos, en un cambio paradigmático en nuestra manera de relacionarnos, aunque no somos conscientes de ello, como lo demuestra el que tan solo un 1 % de los dispositivos del mundo están conectados entre sí. Además la conectividad varía mucho de un país a otro e incluso dentro de un mismo país, cuando estamos ya inmersos en el Internet de las Cosas (IdC), también llamado internet de todo, que alcanzará su máxima expresión y desarrollo en los próximos diez años.

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Actualmente hay 13.000 millones de «cosas» conectadas, pero para 2020 se espera que la cifra haya llegado a 50.000 millones y entre ellas muchas relacionadas con cosas que realmente nos importan. Concretamente me refiero a aquellas relativas  al aumento de la esperanza de vida y de su calidad; a la cronicidad de numerosas enfermedades hasta hace muy poco sin tratamiento; y al acceso, lo antes posible y en las mejores condiciones, de los profesionales y los pacientes al exponencial desarrollo tecnológico y farmacológico.

De la mano de la tecnología están cambiando las cosas más rápidamente y de forma desconocida para nosotros; aunque siempre nos guía, o eso decimos, un bien superior que no es otro que dejar a generaciones venideras lo que en su momento heredamos, pero mejorado. También aquello que hemos ido produciendo y gestionando entre todos y que pertenece a todos y a ninguno en particular y que conocemos como procomún colaborativo. Algo como por ejemplo Internet, el genoma…

Por eso en este nuevo modelo de gobernanza que se está imponiendo, la transparencia, la equidad, el acceso universal, la comunicación, la diversidad… se consolidan como conceptos de uso cotidiano y vectores de transformación y entre  los que también ha de tener cabida lo económico junto a lo ético y lo individual coexistiendo con lo colectivo. En definitiva recuperar la confianza, la convivencia global en un mundo más justo empezando por la local, la más cercana.

Para entender un poco mejor muchas de las cosas que nos rodean,  en estas fechas propicias para la reflexión no estaría mal leer La sociedad de coste marginal cero de Jeremy Rifkin, o lo que es lo mismo la importancia de lo local en un mundo interconectado.

Lo popular es cambiarlo todo, pero esto puede tener el recorrido muy corto. Lo inteligente es dejar lo que funciona, aunque a veces sea lo más difícil y revolucionario, y puede parecer paradójico.

Internet no deja de ser sino una herramienta y nosotros como individuos la utilizamos (espero que bien) en este mundo rodeados de cosas.

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